SER O NO SER (maestra, maestro)

DONAHER, María A.: Guía Cultural. N° 127. Huellas Editorial. Córdoba. 2003.En el Día del Maestro

SER O NO SER (maestros)

Miren mis ojos cuando yo estoy pensando a ver si es que les miento... (Manuel J. Castilla)

Mirar hacia el interior de nosotros mismos, para encontrar ganas de un mundo mejor, la convicción de la verdad, el anhelo de poder vivir con otros en libertad... “... deja que la presencia de tu alma vuelva a pasearte...”. Ella debe mostrarse y ser testimonio.

Alentar a perder el miedo. Animarse a la reflexión sobre la postura asumida ante una lista de valores que no son más que palabras si no se encarnan en actitudes cotidianas. Postura de elección y de responsabilidad ante nuestro prójimo. Alguna vez, en algún momento, la verdad aparece: Miren mis ojos (...) a ver si es que les miento...

Mirar atrás, más allá de lo obvio, tratando de encontrar la sustancia y los porqué. Mirar dejándose mirar. Y la verdad aparece. La escuela está en cada mirada, en cada gesto e intención.

Ser docente adquiere en la actualidad una significación, una fuerza, un poder que sería un grave error ignorar. Hay que optar: La manifestación de sus valoraciones o el intento de ocultarlas, lo cual es en sí misma, una actitud que trasunta una valoración negativa. Sin embargo, la verdadera misión no radica en ocultar lo propio al mostrar las ideas de otros. Radica en mostrarse claramente para no crear confusiones mucho más terribles, aquellas que surgen cuando se percibe la mentira de la palabra desmentida por la acción. Esa valentía es la que permitirá luego, ser aceptado y escuchado cuando se proponga el reconocimiento comparativo de otras valoraciones, otras prioridades.

La credibilidad está en baja. Y todos los que reniegan de ella tienen un porcentaje de responsabilidad. Cada vez que se hace lo que no se dice o se dice lo que no se hace, se está aportando una cuota más al descrédito de la palabra.

Decir nuestra verdad puede ocasionar graves perjuicios a la conveniencia, sin embargo, es preferible ante la opción de vivir una máscara irreflexiva. Arriesgarse significa sentir la fuerza de la libertad en nuestras vísceras, la fuerza que da la opción tomada a conciencia, aún a sabiendas de que puede no convenirnos.

Sentir pasión por encontrar la palabra nueva, la palabra justa, la palabra. Devolver en un gesto enorme a nuestros descendientes el valor de la palabra oponiéndose a este río incontenible de blablabla sin valor. El amor por conocer lo propio y el respeto ante lo ajeno, distinto, desconocido. Proponerles a los jóvenes aquellas jerarquías de valores que les permitan adquirir la sabiduría necesaria para discriminar lo justo de lo que no lo es. Así es posible que una vida no pierda la pasión y no se vuelva permisiva, condescendiente con las fallas humanas que afectan a la condición de humanidad de la misma persona que las comete.

Miren sus ojos, porque allí, en los ojos del otro, encontraremos la esperanza necesaria de un mundo en paz, el canto, la vida que se sustenta de la propia pasión por vivir. 

DONAHER, María A.: Guía Cultural. N° 127. Huellas Editorial. Córdoba. 2003.